miércoles, agosto 01, 2012

Te amo, te odio, dame más

Yo no creo en el tipo de amor de las películas de Hollywood y las telenovelas de Canal 9.
No creo en el tipo de amor católico ni judío.
No creo en el tipo de amor que practica la gente que me rodea: el hombre que elige a una madre más que a una mujer para después buscar una puta que satisfaga sus deseos sexuales. La mujer que elige a un hombre que tenga las características necesarias para encajar en el modelo familiar que le inculcaron desde niña. Ambos se casan -gran fiesta obligada y ceremonia religiosa-, arman un hogar, tienen bebés, cumplen el sueño de la casa propia, se van de vacaciones una vez al año (al principio a la costa Argentina, después a Brasil, luego al Caribe y por último Europa) Él recurre sistemáticamente a prostitutas y quizás, de vez en cuando, conquista a alguna jovencita de la oficina que le infla el ego y la virilidad. Ella sueña con reencontrarse con aquél hombre con el que se casó, y cualquiera que la escuche, le preste atención, le provoque orgasmos y la haga sentir mujer en vez de madre nuevamente, será el indicado.
Mientras, sostienen el matrimonio (por el bien de los hijos, y porque al fin y al cabo él necesita el calor del hogar y lo cómodo de lo conocido, y ella se siente incapaz de tirar abajo el castillo de arena) a base de sexo una vez por mes y un poco de cariño. Ella tiene un marido, él una esposa. Suficiente.

Si tengo que creer en algún tipo de amor, automáticamente pienso en Frida Kahlo y su Diego, en Virginia Woolf y su Leonard, en Simone de Beauvoir y su Sartre.
Sí, es un poco engañoso.
Porque entre Diego y Frida no había fidelidad alguna, y entre Virginia y Leonard no había convivencia alguna, y entre Simone y Sartre no había sexo alguno.
Entonces no, no era un tipo de amor cómodo y seguro. Era un tipo de amor incondicional.
Y  la Dra. K me dice que el único amor incondicional es el de la madre, y tiene razón. Quizás busco una madre yo también.

Vos no eras Osvaldo, el que me propuso matrimonio después de un largo noviazgo y porque se sintió presionado por la familia y la sociedad. No eras el que recurre a prostitutas porque le da pudor pedirme que actúe yo misma como una. No eras el que se contenta con tener a una mujer cocinando los fideos cuando vuelve de la oficina.
Pero tampoco fuiste Diego, ni Leonard, ni Sartre.
Y yo soy un poco de Frida, y mucho de Virginia, y quisiera ser algo de Simone.

¿Y qué vas a hacer con mi oscuridad? ¿Meterla abajo de la alfombra? ¿Mirar para otro lado? ¿Buscar ese tipo de amor cómodo y seguro que no te cuestione, ni te lleve al borde, ni ponga en peligro tus estructuras históricas? ¿Vas a refugiarte en ese mundo conocido pero efímero del que huías cuando te encontré?

Soy tu esposa y soy tu puta. Muchas veces puedo morder y hacerte sangrar, y muchas otras soy capaz de curar todas tus heridas. Soy la loca y soy la sabia. Soy lo genuino que buscabas, la intensidad que admirabas, lo extra-ordinario que te enamoró.

Está lleno de Martas, ahí afuera.
Acá estoy yo.
Y qué pena que me da.... Que pena que me da que estés eligiendo convertirte en un Osvaldo.

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