lunes, febrero 01, 2010

Te deseo una vida llena de miserias

A vos. Que nunca fuiste corroída por la cotidianeidad, porque sólo tenés pasado. Que brillás como brillan las promesas, y las expectativas, y la esperanza de algo mejor. A vos, que no tenés estrías, ni cumplís años, ni se te desfigura la cara de bronca en una pelea. A vos, que te aparecés en sus sueños como una princesita pulcra y prolija, que hablás en neutro como una presentadora de la cnn, que te creés muy especial, que le hiciste creer que eras especial. A vos, que no tolerás su malhumor, su histeria, sus desiluciones, a vos, que nunca lo desilusionás. A vos, que de tan lejana no parecés humana, tan llena de encanto y tan vacía de imperfecciones. A vos, que sólo dejaste recuerdos cómodos y amenos en su memoria, y la creencia de que a tu lado no existe el desgaste, el resentimiento, la mirada de reojo, la insatisfacción ni el desamor. A vos, que nunca vas a estar lo suficientemente cerca como para transformarte en un monstruo o en un cáncer, que nunca lo vas a cansar porque tu lejanía te hace soportable. A vos, que siempre le vas a provocar una erección, y una sonrisa, y unas ganas locas de abrazarte. A vos que no tenés edad. Ni sufrís crisis existenciales. Ni tenés malos días. Ni colapsás. Ni tenés síndrome premenstrual. Ni dudás, ni desconfiás, ni maldecís, ni odiás. A vos. A vos, que llevás tan plácidamente el traje de salvadora, sin ni siquiera saber exactamente lo que estás condenada a salvar. A vos, que decís una palabra y mis palabras desaparecen. Que con un solo movimiento, lográs que todas mis faltas y mis carencias queden en evidencia frente a sus ojos. A vos, que escuchándolo una vez, apenas una vez, lo convencés de que no soy suficiente, a pesar de escucharlo día a día. A vos, que te escondés en el silencio acobardada frente a mi furia, que luchás para mantener tu reino a pesar de todo, que derrumbás en un segundo lo construído en años. A vos, Eugenia. A VOS.

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