Pruebo la abstinencia. Tiene sabor a temblor de manos y a inminente derrumbe del cuerpo entero. Me abstengo. Me abstuve. No soy.
Mientras me masturbo emocionalmente con las palabras de Alejandra. Me traducen tan bien que quisiera volverme muerta y encontrarla.
Ya basta. No hubo reconciliación posible, la tregua terminó.
Soy débil y me importa un carajo.
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