Me soplás tibio. Y a veces me agitás tan rápido que ni te das cuenta. Sí, dije rápido. El que grita lento, a veces, sopla rápido. Ya sé. No te das cuenta. Así llevo un par de meses de bar en bar. Tragando cortados. Compartiendo horas. Viviendo. Viviéndonos. Tengo la vida en la mano. Así, acá. La sostengo. Late. A veces siento que falta algo. No sabría decirte qué. Simplemente algo. Esos vacíos que nada los llenan. [Ni tu divorcio, que ya es un hecho]. No sé si a esto le falta tal o cual. Aquí y allá. Qué blanco, que negro. [Un empujón del diablo] Una mirada más. Palabras. Decisiones. La casa, el perro, los hijos. Y dejemos de contar. Porque ahí se termina de contar ¿no es cierto? Yo lo recuerdo todo. Es como un cáncer, de los que no se operan. Puedo recordar cada decisión tomada. [Ese drogadicto alarido] Y que no pude reir sin llorar. Pasa el tiempo. El mío, el de todos. Es que a veces la vida entera no alcanza. Y hay sed de más. Y cada uno de mis lados (los del origami complejo) gritan más. Cuidado. Estoy en cada detalle, en el ejercicio diario de elegirte. Como un contrato que vence día a día y, del mismo modo, se renueva. Le busco, le busco; el error, el sin sentido. El indicio de la inevitable catástrofe. ¿Puede un La Menor sonar por Do?. Me cago en todos los papeles firmados del mundo. Las cadenas, las de metal, las de mentira. Las mentiras. El auto convencimiento. La memoria selectiva. Tus infidelidades. Mi adicción. La maldita sed. Los nudos en la garganta. Los atajos mentales. Las palabras no dichas. El enamoramiento. El puto amor!!! ¿De qué va todo esto? Si le tenés miedo a todo, a TODO. Tu síntoma es el miedo. El viento te dejó miedo. Vértigo. Yo no conozco ningún pájaro que sufra vértigo. O será que yo no conozco a ningún pájaro [punto]. La vida es para los jugados. Me lo dijo Susana y lo creo. Creo. No lo creo, lo siento. Lo siento y lo sé. Sé. Y te amo tanto, tanto. Que lo gritaría desde cada ventana. Te lo gritaría en la cama, en la cara. Pero no. No quisiera dejarte zumbando el oído. Un te amo como piña. Like a punch. Un te amo bárbaro, no civilizado. Con cara de madrugón. De mal aliento a la mañana. Un te amo que incomoda. Que obliga a tomar partido. Un te amo que no escuchaste nunca, ni volverás a escucharlo jamás. De una mujer inconclusa. Sin máster ni doctorado. Sin peinado de peluquería ni manicure. La tontaca timada. La putilla cabreada. La que no miente y ama demasiado. Cuidado. Hoy estoy justificada. Sin ánimo para el espectáculo. Sin depilar. Sin bañar. Despeinada. Sola. Con un vestido y un amor esperando tu carrete. Un par de tacos de mil centímentros aguardan ser envestidos por tus 85 kilos de ¿miedo?. Un metro cuarenta y nueve de existencia, a milímetros del piso, a años-luz del cielo, a metros del techo, a 5 barrios de vos, arrodillada entre las piernas de Jesucristo. Gulp. Tragué. Y siempre ahí está el otro. No se borra ni tratándolo de mala gana. Todo me lo ofrece y todo me lo da. Aún sabiendo que no lo tiene ni sabe inventarlo. Que para el amor tiene dos manos izquierdas. Que no doy segundas oportunidades. Nunca. Jamás. En la vida. Justo yo, que la vida me dio miles. Y contando... ¿Qué quiero? Yo anduve algún tiempo muerta y me vi resucitar, sin más. Quiero una vida en analógico. Responder preguntas sin pensar. No pensar. Recibir una carta tuya, manuscrita. Que me grites te amo en la cama, en la cara. [Y que sea cierto] Que se legalice el aborto. Que triunfe la educación pública. No encontrar nunca el error, el sin sentido. Derribar interdictos. Barreras ontológicas. "Dice que no sabe del miedo de la muerte del amor. Dice que tiene miedo de la muerte del amor. Dice que el amor es muerte, es miedo. Dice que la muerte es miedo, es amor. Dice que no sabe" A.P. Pero hay días en los que no puedo vivir sin saber. Ese es el vacío. La barrera ontológica que posibilita e impide al mismo tiempo. Tengo la vida en la mano. Así, acá. La sostengo. Late.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario