viernes, octubre 12, 2012

Vomitando conejos


"Pero esa misma noche, vomité un conejito... negro"

Y a la noche siguiente, me estabas cogiendo en mi casa.
Pongamos un criadero -se me ocurrió-.
O compremos un placard más grande.
O aprendamos a vivir con ellos.

Hicimos un pacto por la última opción.
Y lo firmamos con una cena informal, sin cubiertos, desprolija.
Notariado luego con más de 1h de sexualidad explícita entre los conejos que nos olían, no entendían nada.

Bueno, no tiene nada que entender un conejo.
Si nos manteníamos quietos, ellos quietos o más bien tranquilos.
Hasta que alguna maniobra estrepitosa, de esas a las que ya estamos puercamente acostumbrados, los exalta de un tirón a todos por igual, alzan sus cabezas, blancas, negras, mixtas... (hay de todo).
Los tuyos, los míos.

Se puede ver bien cuál fue vomitado por quién.
Los tuyos me buscan a mi, los míos a vos.
Como perros rastreros, es increíble.

¿Lo notaste?

El saldo:
Volvimos a empezar.
Hoy 12, a 3 meses. Volvimos a empezar.
Y no es la primera vez que lo hacemos.
Cogiendo entre conejos.


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